
Es curioso que una secta lucrativa como la Watchtower niegue tener ingresos… Es curioso que todo sea gratuito y que las donaciones sean voluntarias. Pues aquí va un extracto de lo que la organización ha saqueado durante los últimos años. No tiene desperdicio…
El auténtico negocio de la Watchtower son, como todo el mundo sabe, los libros. Del ejemplar “La verdad que lleva a la vida eterna” se vendieron entre 1968 y 1974, 74 millones de ejemplares. Anteriormente, con el mismo contenido pero cambiando los títulos y el orden de capítulos, se habían vendido 29.246.710 ejemplares. En 1980 se vendieron libros en todo el mundo por un total de 22.837.471 ejemplares, y de revistas 218.827.546 ejemplares (”Atalaya”, en 106 idiomas, y “Despertad!” en 34), y 16.465.248 folletos.
Estos datos están extraídos de sus propios informes.
Los libros se venden a un precio 10 veces superior al de edición, entre 80 y 350 pesetas en 1985. Similar beneficio aportaban las revistas, a 40 pesetas.
En sus siete manzanas de Brooklyn trabajan a cambio de comida, hospedaje y una propina mensual, dos mil adeptos fabricando la literatura base. La comida les llega de sus propias granjas, donde trabajan cuatrocientos voluntarios, también a cambio de su manutención, como esclavos que son.
A esto se añade el ahorro en derechos de autor, ya que todos los ceden a la secta, el no pagar impuestos por ser una sociedad religiosa y el tener millones de vendedores (tantos como adeptos) que trabajan de forma gratuita.
Y aún nos queda lo mejor: cada adepto no sólo es obligado vendedor sino también comprador. Y no sólo un ejemplar por familia, sino uno para cada persona, para que así no tengan que hacer cola por leer. Además, los adeptos compran, y pagan por adelantado, todos los libros y revistas que luego deben vender (o regalar) puerta por puerta.
En cada reunión semanal se habla de la venta de libros y revistas, de cómo “colocar” literatura. Puesto que el fin del mundo está cerca, hay que proclamar la palabra de Jehová lo más rápido posible, o serán responsables de la muerte de los infieles.
Es muy fácil escribir uno de estos libros. Primero puede aparecer en revistas, que se compran todas, luego se funden los capítulos en un libro que también se vende, y cuando se ha saturado el mercado, se le cambian de orden los capítulos, se añaden, se cambia el título y las cubiertas, y un nuevo éxito editorial. El mismo texto ha sido vendido con cinco títulos distintos en más de una ocasión. Desde sus comienzos, y con las mismas ideas doctrinales básicas, entre 1874 y 1974 se vendieron 704,163,616 libros y folletos, en los siguientes diez años otros 355 millones. Entre 1918 y 1974 se vendieron 3.970.261.080 revistas, y 3.185.000.000 en los siguientes diez años. Aparte tenemos que considerar unos dos millones de suscripciones anuales a sus revistas.
Pero nunca se acaban de hacer números con esta “organización no lucrativa”, pues los modos de esquilmar a los adeptos (como los caminos del Señor) son infinitos. También se les hace pagar los formularios y hojas de registro obligatorias para el control interno, las tarjetas de territorio y los sobres, las hojas de invitación al Memorial (ceremonia) y a conferencias, las tarjetas postales que luego reparten de forma gratuita… Tienen sus contribuciones mensuales, otras para necesidades concretas con cajitas habilitadas a tal efecto en cada Salón del Reino. Y teniendo en cuenta que la mayoría de adeptos son de baja extracción social, muchos acaban viviendo casi en la miseria. Pero en fin, sin lujos ni estudios universitarios seguro que viven con más entrega.
También se deben sufragar los viajes de los líderes cuando van a los EEUU.
Si un adepto va a predicar fuera de su localidad corre con todos los gastos y estos no se descuentan de los beneficios por ventas. Las asambleas son otro negocio. Se reúnen miles de Testigos en estadios o similares (unos 70,000 recientemente) durante varios días, allí les venden de todo (comida, refrescos, literatura…) pero más caro y de peor calidad. Allí dejan todo lo que han traído, después de haber pagado hasta las credenciales para asistir. Todos los que preparan la asamblea y vender las chucherías lo hacen gratuitamente.
Otro hábil sistema de saqueo es el de que la central de la secta ofrece créditos a sus feligreses, con interés por debajo del mercado, para adquirir bienes inmuebles. Pero es que los bienes comprados revierten en la secta. Es decir, que para comprar un local en el que hacer un Salón del Reino pides dinero prestado y compras, luego la central recibe el dinero prestado, más los intereses, más el propio local que ha sido registrado a su nombre y no al de los que lo han pagado realmente.
En 1983 habían censados 2.342.634 Testigos de Jehová en todo el mundo. En España eran 50.355 miembros, con un incremento anual del 6%, repartidos en 812 congregaciones. Si cada uno gasta 35.000 pesetas al año en cuotas varias generan un beneficio de unos 1200 millones limpios una vez descontados los 500 que costaba la estructura. Además del producto de las 8.772.829 horas de trabajo como publicador de puerta en puerta. La secta no pone absolutamente nada. Por no poner, ni siquiera pone el famoso fin del mundo.