
Extracto del libro de Pedro de Felipe
1) Ya hemos visto que la doctrina del “esclavo fiel y discreto” afirma que los 144.000 ya son ahora “hijos espirituales” de Dios, y que la “grande muchedumbre” de “otras ovejas” sólo puede aspirar a ser “nietos” de Dios. Así que ahora ni siquiera han llegado todavía a tener a Dios por abuelo espiritual, sino que esto queda para más tarde, después del Armagedón. Entonces llegarán a ser “hijos terrestres de Cristo” y nietos espirituales de Dios, ya que también serán sus “hijos humanos perfectos”. Por consiguiente, ahora todavía no son hijos ni nietos, ni de Cristo ni de Dios, en ningún concepto. Pero ¿tiene que ver algo con la Biblia esta doctrina del esclavo?
2) Esta doctrina del esclavo no es bíblica, sino diabólica. En efecto:
a) La Biblia afirma que cuando uno cree en Cristo es hecho hijo de Dios, Jn. 1:12; Gál. 3:26. Pero no se dice que sólo sean 144.000 los que pueden creer en Cristo. Así que las “otras ovejas”, o futuros “nietos de Dios”, si creen ahora en Cristo, ya son hijos de Dios; y, si no son ya hijos de Dios, será porque no crean en Cristo, y en este caso, no son cristianos.
b) La Biblia enseña que en cuanto uno acepta el Evangelio y cree en Cristo es sellado con el Espíritu Santo (Ef. 1:13). Este hecho se realiza en el bautismo del creyente (Hch. 2:38). Pero no se dice que sólo sean 144.000 los que puedan aceptar el Evangelio, creer en Cristo y bautizarse para recibir el Espíritu Santo, sino que se afirma lo contrario, es decir, que esa promesa del Espíritu Santo es “para cuantos llame el Señor Dios nuestro.” (Hch. 2:39). Dios siempre ha llamado y llama a todos los hombres para la salvación (Is. 45:22; 1 Tim. 2:3,4) y, todos los que aceptan esa salvación (como acabamos de ver: aceptando el Evangelio, creyendo en Cristo y bautizándose) quedan sellados con el Espíritu Santo para ser salvos (Ef. 4: 30; Rom. 8:11). Hasta que llegue ese momento de la salvación, el Espíritu Santo guía a todos los que son hijos de Dios (Rom. 8:14).
Por lo cual, si las “otras ovejas” no son hijos de Dios, tampoco son guiadas por el Espíritu de Dios, y, en este caso, ¿por qué espíritu son guiadas cuando predican el “evangelio”? No hay término medio cuando uno se considera “ministro del Evangelio”: o uno es guiado por el Espíritu de Dios, o es guiado por el espíritu del enemigo de Dios, esto es, del Diablo para ser uno de sus ministros aunque el tal crea que es un “ministro del Evangelio” o “ministro de justicia” (2 Cor. 11:4,13-15). Verdaderamente, los Testigos de Jehová predican “otro evangelio” y a “otro Cristo”, que, según ellos, “no es Dios”.
c) Vemos que la Biblia manifiesta que no son sólo 144.000 los que reciben ahora el Espíritu Santo para ser salvos, quedando la salvación de las “otras ovejas” para después del Armagedón, como afirma el esclavo.
Las otras ovejas a las cuales se refirió Jesús (Jn. 10:16) eran los que todavía no habían llegado a creer en él; pero que, cuando creyeran, serían unidas al grupo de creyentes para formar un solo rebaño. Así, ese grupo llegaría a ser cada vez mayor; pero, de momento, era un grupo pequeño; no obstante, ese grupo era el pueblo de Dios, que había sustituido a la nación judía (Mt. 21:43; Luc. 12:32). Así que Dios entrega el Reino a todos los creyentes, que, al principio eran pocos; pero, después, irían aumentando (Hch. 2:40,411).
Todos los que llegan a formar parte de esa comunidad cristiana son unidos a ella por Dios para que sean salvos (Hch 2:47).
Por tanto, no es doctrina de la Biblia la idea de dos rebaños: uno pequeño y otro grande; sino que hay un solo rebaño de Cristo, que al principio, repetimos, era pequeño; pero, al cual (además de darle el Reino), Jesús le dio la seguridad de que llegaría a ser grande por agregarse otras ovejas que también pertenecían a Cristo.
Este único rebaño de todos los creyentes tiene que prepararse ahora para la salvación, pues con ese fin son agregados por el Señor a su rebaño (Hch. 2:47).
Después del fin del mundo (o Armagedón) o después de la muerte, si ésta acontece antes de ese momento, ya no hay otra oportunidad de salvación para las “otras ovejas” ni para nadie. Lo único que hay después de la muerte es el juicio (Heb. 9:27). Dios juzgará a cada uno conforme a sus obras y al conocimiento que haya tenido del bien y del mal, ya sea por la ley de Dios o por la conciencia. Por tanto, el asunto de la salvación queda resuelto en esta vida, tanto para el que tiene la oportunidad de conocer el Evangelio (Marc. 16:15,16), como para el que no la tiene (Rom. 2:9-16). Después de la muerte y del juicio (Heb. 9:27) ya no hay otra oportunidad para nadie (Apoc. 20:11-15). Por tanto esa otra oportunidad para después del Armagedón es un sofisma del eslavo.
Así que, cuando llegue el fin del mundo, Cristo recogerá todos los que están preparados para la salvación (Heb.9:28); si están muertos, serán resucitados en ese momento todos juntos se irán con él (1 Ts. 4:13-18).
“Todos los impíos serán destruidos ese día final (Judas, 14,15; 2 P. 2:10; Sof. 1:18).
Ese día final, cuando serán destruidos todos los impíos que estén vivos sobre la tierra, y resuciten los salvos muertos, marca el comienzo de esos mil años indicados en Apoc. 20:4-6.
Durante esos mil años no hay ninguna resurrección de los impíos que estaban muertos ni de los que mueren al comienzo de ese milenio, sino que todos los impíos resucitan al finalizar esos mil años para ser destruidos por la “segunda muerte”, es decir, en el juicio, llevado a cabo después de su muerte, han sido condenados y sólo resucitan para recibir el castigo conforme a sus obras. Así la “segunda resurrección” y la “segunda muerte” conciernen a los impíos al terminar esos mil años, ya que la “primera resurrección”, al principio de los mil años, fue la de los salvos (Apoc. 20:5-9,13-15; 21:7,8).
Al finalizar esos mil años, cuando todos los impíos van al “lago de fuego” o “segunda muerte”, Dios realiza la restauración de este mundo por medio de crear todas las cosas que fueron destruidas, no sólo por causa del pecado, sino en ocasión del fin del mundo (2 P. 2:10) al comienzo de esos mil años. Así, el mundo restaurado será puesto en armonía con el cielo por medio de esa nueva creación y Dios y sus hijos salvos vivirán juntos por siempre (Apoc. 21:1-8).
d) Por consiguiente, la doctrina que propaga el esclavo sobre esa oportunidad, para la salvación después de la muerte (o del Armagedón para los que le pasen vivos), es una doctrina del Diablo, quien desea que todos los hombres se pierdan por esa falsa confianza en otra oportunidad. Durante esos mil años no habrá salvación para nadie. Es ahora cuando Dios quiere que todos los hombres sean salvos (no sólo 144.000), (1 Tim. 2:3,4). Para ello Dios da ahora su Espíritu Santo (no sólo a 144.000), sino a todos los que se lo pidan (Luc. 11:13), y le obedezcan (Hch. 5:32). De esta forma, Dios no limita el número de sus hijos espirituales a 144.000, sino que todos los hombres que quieran pedir el Espíritu Santo a Dios y obedecerle, le recibirán y serán hijos de Dios, y hermanos de Jesús (Mt. 12:50), lo cual puede hacer todo el que lo desee, demostrando así la falsedad de la doctrina del esclavo.
e) Así, pues, esa diferencia, que hacen los Testigos de Jehová entre los hombres, considerando que unos forman un grupo de 144.000 hijos espirituales de Dios y hermanos de Jesús que reciben el beneficio de la sangre expiatoria de Cristo ahora para ser salvos, mientras que los demás (las otras ovejas) son un grupo distinto, que sólo llegarán a ser nietos espirituales de Dios, los cuales no son hermanos de Jesús, ni se benefician ahora de su sangre, no tiene fundamento en la Biblia, y es contraria a la voluntad de Dios, para quien todos los hombres son iguales, ya que no hace acepción de personas (Hch. 10: 34,35; Rom. 2:6-11; Ef. 6:8,9). A la vista de las afirmaciones de la Palabra de Dios esa doctrina de los dos grupos de creyentes: hijos y nietos de Dios, y la doctrina de la otra oportunidad para la salvación de estos últimos después del fin del mundo, son un engaño manifiesto, un invento del esclavo para halagar a los ignorantes y facilitarles el camino para ingresar en su Sociedad, donde él los explotará en beneficio propio, como veremos más adelante.
3) ‘¿Quiénes son, entonces, los 144.000 mencionados en Apoc. 7:4; 14:1-3?:
a) San Juan ve un cuadro profético en Apoc. 7:1-8. Ese cuadro consta de varios sucesos cronológicos:
- Cuatro ángeles reteniendo los acontecimientos que iban a dar lugar al fin del mundo (Apoc. 7:1).
- La acción destructora de esos ángeles queda aplazada por la orden de otro ángel (Apoc. 7:2).
- Sólo se les manda esperar, para realizar su obra desI destructora “hasta que” los siervos de Dios sean sellados (Apoc. 7:3).
Evidentemente se trata de sellar a personas que están vivas en el momento de llegar el fin del mundo, cuyo acontecimiento se prorroga para sellarlas. Como ya hemos visto, los creyentes son sellados para la salvación al aceptar el Evangelio. Por tanto, se trata de los últimos que aceptan la salvación justo antes de llegar el fin del mundo. San Juan oye el número de ellos (144.000), (Apoc. 7:4).
b) En Apoc. 7:9-17, san Juan ve otro cuadro profético, en el cual hay que considerar varios detalles:
- San Juan empieza diciendo: “Metá tauta eidon” (según el texto griego), que significa: “Después de estas cosas miré; al mirar ve una gran multitud (Apoc. 7:9).
- Evidentemente las “cosas” a que se refiere esa expresión, y que ya habían acontecido antes del versículo 9, son el sellamiento de esos últimos creyentes y el fin del mundo, que quedó en suspenso hasta que aquellos fueron sellados.
- Por esto, el cuadro profético de los versículos 1 al 8 contempla un momento justo anterior al fin del mundo; y el cuadro profético de los versículos 9 al 17 nos presenta un panorama correspondiente al momento justo posterior a ese fin del mundo.
- Así, el apóstol pasa, de oír el número de los últimos sellados para ser salvos, a ver toda la multitud de creyentes sellados. La multitud es grande porque a esos últimos sellados se han unido (mediante la resurrección) todos los salvos que fueron sellados en los siglos precedentes.
- A esa multitud se la presenta con palmas en la mano (símbolo de victoria) y en el cielo, puesto que están ante el trono de Dios, lo que muestra claramente que todo esto acontece después de haber llegado el fin del mundo; fin que aquí se presenta en relación con los que serán salvos, a los cuales contempla san Juan en el cielo ante el trono de Dios en el momento que el mundo acaba de terminar, por contraste con los que se pierden en ese momento final (Apoc. 6:12-17).
4) Todo esto tira por tierra la doctrina del esclavo sobre los 144.000, que enseña que sólo éstos irán al cielo. Pero, en Apoc. 7:9, se dice que la gran muchedumbre estaba “de pie delante del trono”, alabando a Dios, que estaba en ese trono (Apoc. 7:10,11); y ese trono está en el cielo (Apoc. 4:1-4), así que la gran muchedumbre va al cielo cuando llega el fin del mundo.
5) Por otra parte, esa doctrina del esclavo sobre los 144.000, además de ser contraria a la Biblia, es ridícula. En efecto: por una parte, nos dice que ese grupo de 144.000 se empezó a formar con los apóstoles; por otra parte, nos afirma que en 1925 había 90.434 vivos en la tierra pertenecientes a esos 144.000.
También afirma, el esclavo, que las otras ovejas no empezaron a ser recogidas hasta 1934. Por tanto, desde los apóstoles hasta 1934, todos los creyentes pertenecieron al grupo de los 144.000.
Si ahora tenemos en cuenta que de esos 144.000 en 1925 había 90.434 vivos pertenecientes a la Sociedad del esclavo, vemos que desde los apóstoles hasta 1925 sólo hubo en total 53.566 creyentes, y aún habría que descontar, de éstos, todos los que se habrán unido al grupo de los Testigos de Jehová desde 1925 a 1934 cuando empezaron a recoger a las otras ovejas.
¿Es posible que sólo haya habido 53.566 creyentes desde los apóstoles hasta 1925?
La Biblia nos informa que sólo en Jerusalén, en tiempos de los apóstoles había 120 (Hch. 1:15), más 3.000 (Hch. 2:41), más 5.000 (Hch. 4:4 -sin contar las mujeres en esta ocasión-), total 8.120; a éstos hay que agregar “una multitud de hombres y mujeres creyentes” (Hch. 5:14); “muchos sacerdotes” (Hch. 6:7), y todo esto sólo en Jerusalén y en los comienzos de la Iglesia.
Pero, ¿cuánto aumentarían los cristianos en aquellos primeros tiempos, en las otras ciudades judías fuera de Jerusalén, y también entre los gentiles? He aquí algún ejemplo: En Efeso “una considerable multitud” (Hch. 11:24); otra “gran muchedumbre” (Hch. 11:26).
Si a ésos agregamos todos los cristianos de todas las iglesias mencionadas en la Biblia: Roma, Corinto, Galacia, Colosas, Laodicea, Filipos, Tesalónica, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia, etc., el número sería aún mayor. A éstos habría que añadir los creyentes de las iglesias no mencionadas en la Biblia, y éstos sólo en vida de los apóstoles.
También habría que contar los creyentes que vivieron después de los apóstoles hasta llegar a 1925, pasando por todos aquellos que dieron su vida en los circos romanos.
Teniendo todo eso en cuenta, ¿es posible que alguien se atreva a afirmar que desde los apóstoles (éstos incluidos) hasta 1925 sólo ha habido 53.566 cristianos? Únicamente el sofista esclavo puede decir cosa tan ridícula; y hace falta mucha ignorancia supina para creerle.
6) Además, si sólo el grupo de los 144.000 van al cielo, y este grupo empezó a formarse con los apóstoles, ¿cómo explicar que Elías (que vivió antes de los apóstoles) esté ya en el cielo? (2 Ry. 2:1,11).
Y no sólo Elías, sino los patriarcas también irán a la ciudad celestial (Heb. 11:10,13-16) con los apóstoles (Heb. 13: 14).
7)También enseña el esclavo que Dios sólo es Padre de los 144.000; pero la Biblia afirma que Dios era Padre de los creyentes del Antiguo Testamento (Is. 63:16).
Por tanto, la doctrina del esclavo, que enseña a creer que nada más son hijos de Dios ese grupo de 144.000 (que se empezó a formar desde los apóstoles hasta 1934), y los demás creyentes sólo llegarán a ser nietos, es un error, una aberración y un sofisma diabólico para negar a los hombres la esencia del cristianismo que les hace hijos de Dios por la fe en Cristo (Jn. 1:12; Gál. 3:26).
Además, el hecho de dividir a los creyentes en dos grupos, privando a unos de ser hijos de Dios y desterrándolos del cielo, reservando esos privilegios para unos pocos (para los inventores de esta diabólica doctrina), es practicar un racismo espiritual muchísimo más pernicioso y de peores consecuencias que cualquier otro tipo de racismo; y el esclavo no se escapará sin dar cuenta a Dios por esas mentiras (Prov. 14:5; 19:5,9).
Pedro de Felipe
Lea el Documento que desenmascara el mayor fraude del cuerpo gobernante de los testigos de jehová. Lo puede leer en la sección de Documentos de la Comunidad de Doctrina Cristiana, su título es “EL MAYOR ENGAÑO DE LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ”.
